martes, 25 de septiembre de 2007

Las conejitas llegaron a Oaxaca

KARLA JIMENEZ J.
sarka009@hotmail.com


Las conejitas llegaron a Oaxaca

Karla Jiménez

Gran expectación causó entre los oaxaqueños, la noticia de los medios que anunciaron la presentación de las “playmates” de la revista Playboy en la ciudad, que actuarían para los capitalinos, por tres días consecutivos, del 23 al 25 de agosto.

La tan esperada noche llegó, la cita fue a las 20:00 en punto, y los caballeros oaxaqueños, puntualmente, llegaron al bar “Dejavú”, donde todos corrían nerviosos para afinar los últimos detalles antes del arribo de las conejitas.

En la puerta la recepcionista daba la bienvenida a los asistentes, los meseros servían el vino a los inquietos caballeros, ya que eran las 21:00 horas y no sucedía nada, los periodistas solo miraban su reloj con enfado.

Cuando ya todos estaban desesperados por el tiempo transcurrido, de repente a las 22:30 de la noche, dos camionetas negras arribaron, alguien dijo “ya llegaron” y las miradas se dirigieron hacia la puerta, la música sonó más fuerte, los flashes de las cámaras se encendieron y los esculturales cuerpos desfilaron frente a algunos perturbados hombres.

En primer término se bajaron de una de las camionetas varias modelos, cinco en total, que también fueron invitadas a esta presentación, vestían minifaldas que a más de uno le cortaron el aliento. Saludaron con una gran sonrisa a todos, se sentaron en una mesa dispuesta para ellas y simplemente se pusieron a cenar un gran plato de lechuga picada, “preparada especialmente para ellas” según la chef del lugar.

Posteriormente, hicieron lo propio las tres conejitas, quienes llegaron en la otra camioneta, ellas venían enfundadas en finos leotardos negros, y fueron recibidas con chiflidos, al más puro estilo mexicano, portaban un moño rosa al frente y guantes blancos, sin faltar sus orejitas negras sobre su cabeza.

Los comentarios masculinos sobre las chicas no faltaron: “esta muy alta”, dijo un señor un tanto mareado por el vino, “la del vestidito rosa esta bien buena”, fue el sentir de un joven hacia sus amigos, quienes compartieron su opinión.

Después de saludar a todos y posar para la foto del recuerdo, las “playmates” y las modelos, después de cenar, bailaron al ritmo de la música dos canciones, convivieron con los felices asistentes y se despidieron, no sin antes decir que no faltaran al día siguiente a la discoteca el Circo, donde también se presentarían.

Reseña Bibliográfica: "El Alquimista"

KARLA JIMENEZ J.
sarka009@hotmail.com

“El Alquimista”

Karla Jiménez

Es justamente la posibilidad de realizar un sueño lo que torna esta vida interesante, escribió Paulo Coelho en este libro, donde a través de Santiago, un pastor andaluz, quien era feliz cuidando a su rebaño, nos muestra una manera distinta de entender la vida.

Cuando Santiago decide abandonar ovejas, casa y a sus padres por seguir su sueño, conoce al Rey de Salem, de quien recibe su primera gran enseñanza, donde a través de los distintos acontecimientos que le van sucediendo al pastor por el inmenso desierto, el autor nos muestra “el lenguaje del universo”, lleno de simbolismos, que enseñan que “las señales están ahí, solo hay que leerlas”.

Estas señales, llevan a cumplir la leyenda personal de cada uno, que cuando nace del fondo del corazón, todo el universo conspira para realizar ese deseo.

Eso fue exactamente lo que aprendió Santiago, donde a través del amor que le hace sentir finalmente “la hija del comerciante” comprueba que entendió el alma del mundo.

De ahí la importancia de “recordar siempre lo que se desea”, escuchando al corazón, ya que este conoce todo. Eso finalmente es la alquimia, penetrar el alma del mundo y descubrir lo que esta nos tiene reservado en la vida.

domingo, 9 de septiembre de 2007

Peatón por un día

Montserrat Fernández Galindo
tochomorocholacolumna@hotmail.com

Peatón por un día
Montserrat Fernández Galindo

“Naranja dulce, naranja de Martínez de la Torre, no se quede sin su naranja”, el fuerte ruido del megáfono al parecer trata de opacar el ardiente sol que apenas se asoma y que dentro de unas horas penetrará como lanza filosa en la piel de los citadinos.

La mañana presume de tranquila, me enfundo en un conjunto deportivo café y mis pies se acomodan en unos tenis; al bebé lo protejo del fresco rocío con un suéter delgado y sus pies con unas pantuflas de ositos. La carreola espera impaciente para comenzar el paseo.

El trinar de los pájaros mecen mis pasos en el áspero adoquín, la subida es dura y se torna en un laberinto al bajar de la banqueta que está llena de escalones y raíces alzadas, fuego enemigo para el cochecito rodante. Lanzo una carrera veloz para salvar mi pellejo de los coches que limitados por el tiempo no miden el peligro. Vuelvo a subir a la acera de la calle y permanezco en ella el tiempo que sea necesario.

La bajada o subida de San Felipe del Agua es una batalla que con valentía enfrenta el peatón. Es un campo minado. El reducido espacio de las banquetas apenas si se divisa entre hierbas, flores silvestres, espinas y basura.

El bebé se impacienta con los movimientos bruscos que hago con la carreola, sube, baja, corre, frena, sube, baja, esquiva...

Del otro lado de la calle, veo mi figura y la de mi pequeño acompañante reflejado en el espejo de la vida diaria: una madre con el ceño fruncido empujando una carreola.

- ¡Santo Dios! grito en silencio, ya mero se degüella el chamaco con la caída de las ruedas delanteras en una zanja.

Respiro profundamente, mis pisadas avanzan en cámara lenta hasta llegar casi al final de la bajada; las casetas de comida reducen el espacio para caminar con dignidad. En mi afán de esquivar la banqueta en desnivel y las latas vacías de bebidas refrescantes, la rueda delantera izquierda golpea el tobillo escondido detrás de la bota puntiaguda de charol de una joven. Con su mirada oscura casi aniquila mis sueños futuros. Dos puestos ambulantes frente al CBTis fueron testigos de este penoso incidente. Silencio y dolor.

La realidad de nueva cuenta me toma por sorpresa cuando el knock, knock de una camioneta de lujo le recuerda ‘la jefecita’ a un valiente peatón que sólo trata de llegar vivo a la fuente de la Siete Regiones. No suficiente con el susto, el cafre al volante desquita su rabia gritándole ¡pendejo!

En un dos por tres el sobreviviente logra cruzar la calle y pisar terreno seguro, mira al cielo como tratando de encontrar a Dios para agradecer el milagro: un día más.

Dos señoras que presenciaron el desenlace, cuchicheaban:

- ¡Se salvó de milagro son unos salvajes! ven que uno atraviesa la calle y en vez de disminuir la velocidad, aceleran, te centran y todavía se meten con tu madrecita santa”, comentó una vendedora de dulces.

- No hay que ser, luego una se confía cuando va caminando y de repente siente el coche encima... ¡lo peor! se ponen de dignos si ellos son los que se pasan los altos, abundó su acompañante.

El ulular de la ambulancia distrajo mi atención de una plática ajena, aprieto el paso pues faltan varias cuadras para llegar a mi destino; mis manos se aferran a los fierros de la carreola para atravesar el infierno mismo. La tensión de la vida peatonal por fin noquea a mi vástago que descansa plácidamente.

Mientras camino logro contar el número de automovilistas que hablan por celular y sorprende más el número de personas que bajan la mirada para escribir, leer o enviar un mensaje.

- ¿Por qué no medimos el peligro que representa esta distracción? ¿Por qué no lo hago yo cuando manejo? yo misma respondo en cuestión de segundos ¡por inconsciente! ¡Maldito vicio!

El sol empieza a ganarle a mi desodorante una partida, mi playera de algodón humedece; ni un árbol para cobijarme entre sus ramas, la mayoría han sido mutilados para abrir paso a alguna construcción. Ni una sombra para descansar.

Varias cuadras faltan para llegar a la colonia Reforma y una docena de obstáculos: raíces que rompen las banquetas, bolsas de basura, alcantarillas ficticias, automovilistas que no ceden el paso.

Frente a mí, una jovencita bien vestida y perfumada con finos aromas se resbala sin tocar suelo; los buenos modales desaparecen poco a poco ante un berrinche de niña bien:

-¡Mis zapatos nuevos! ¡Qué asco excremento de perro!

No pude contener la risa, el incidente realmente fue cómico; pero pagué muy cara mi osadía: mientras atravieso la calle, un taxista sale en sentido contrario ¡patitas pa’ que las quiero!.

- ¡Qué difícil es ser peatón!, mi cara palidece, mi sonrisa enmudece y mi corazón no respeta la velocidad establecida.

jueves, 30 de agosto de 2007

Reconocimiento a la obra de Pitol y Toledo

Andrea León Martínez
andreakleon@hotmail.com
Reconocimiento a la obra de Pitol y Toledo
Andrea León
Largos pendones con enormes fotografías de los homenajeados colgaban de la parte más alta del teatro Macedonio Alcalá, la expectación se podía ver en los asistentes a la entrega del reconocimiento Doctor Honoris Causa al artista plástico Francisco Toledo y al escritor Sergio Pitol.

Al interior del teatro el olor de las flores se mezclaba con el de la madera, mientras uno a uno se acomodaban los testigos de la ceremonia de honor dedicada a los creadores, en un día especial para los oaxaqueños: el natalicio de Benito Juárez.

El rector de la máxima casa de estudios de Oaxaca, Francisco Martínez Neri, ocupó un lugar de honor en la mesa para dar inicio al evento y paso al escritor, Carlos Monsiváis.

Con un pantalón color café, zapatos del mismo color y una camisa blanca el escritor habló acerca de los dos personajes distinguidos esa tarde, fue cuando platicaba sobre Francisco Toledo y su libertad, su suprema generosidad y su defensa a los derechos humanos cuando su discurso se vio interrumpido por los aplausos de los presentes.

El orgullo de los oaxaqueños por su paisano se respiraba en el aire y se contagiaba a cada uno de los asistentes al evento, quienes reconocían el talento del artista plástico.

Monsiváis retomó la palabra, después de los aplausos a los que él también se unió, para finalizar su intervención diciendo que “Sergio Pitol y Francisco Toledo reivindican la labor de los creadores con su trabajo, que es su mejor diálogo”.

El anfitrión de la ceremonia anunció que era momento de continuar y que el paso siguiente era la entrega de los títulos Doctor Honoris Causa a los creadores, así entre flashes y aplausos entraron a escena Francisco Toledo, quien vestía zapatos y pantalón color café, y una camisa blanca arremangada; y Sergio Pitol, con un traje azul marino y una corbata gris.

Ahí, en las tablas del teatro les colocaron una medalla con listón azul mientras la audiencia, de pie, les aplaudía y gritaba llena de emoción. La ovación se prolongó tanto que a través del micrófono se le pidió a Toledo y a Pitol pasaran a sus asientos.

El rector Martínez Neri felicitó al artista y al escritor, y afirmó que la ceremonia fue “un justo reconocimiento a su obra”, e hizo notar que cada una de las creaciones de los autores da luz a los espectadores y lectores.

Sergio Pitol leyó un escrito suyo titulado, El arte de la novela. Con la vista cansada por la edad y señalando con el dedo el texto, explicó que recibir el doctorado en compañía de Toledo fue su mayor premio, y expresó su admiración por el pintor. En una remembranza mencionó a sus autores predilectos, la forma como empezó a escribir y su primer novela, aseguró que la literatura no sigue reglas, ni siquiera la que ella misma impone, y eso la enriquece.

Pitol hablaba mientras su público suspiraba, y jóvenes se acomodaban en los hombros de sus parejas o en sus asientos, hablaba mientras Toledo posaba para la cámara de dos niños, hablaba mientras los asistentes escuchaban en silencio, atentos y embelezados por sus ideas y por su voz pausada.

El arte de la novela finalizó y los universitarios entonaron su himno para dar por concluida la ceremonia y empezar la fiesta afuera, en la calle de Armenta y López, con los acordes de la Banda del Centro de Capacitación Mixe de Tlahuitoltepec, donde el escritor escuchaba atento de pie a la banda, mientras el artista plástico caminaba sobre la calle de Independencia respondiendo preguntas con una sonrisa en los labios.

lunes, 27 de agosto de 2007

Proyectos de crónica



* Tema: Las playmates de la revista Playboy llegaron a Oaxaca
Cronista: Sarai Karla Jiménez






* Tema: Concierto de Armando Manzanero
Cronista: Nadia Altamirano





* Tema: Porter en concierto
Cronista: Andrea León

martes, 14 de agosto de 2007

Crónica de una espera

Laura Adriana Bautista
CRÓNICA DE UNA ESPERA
Aural Continuo
El tiempo generalmente dividido entre el ocio y el quehacer, no da pie a observar la cotidianeidad humana, la cual está compuesta de minutos de sensaciones, emociones y vivencias. El sentarse a esperar, pero con un ojo obsevador se vuelve toda una aventura.

6:10 p.m. Inicia la espera, acabo de dejar a los señores del alquiler quienes colocaron un toldo verde y doscientas sillas para la presentación del video, la consigna esperar o como ellos dicen cuidar que no se lleven el equipo. Camino hacia el frente justo hacia la catedral, me siento, mi mirada sin un rumbo, sin pensamientos claros, sólo dejando que mis sentidos encuentren cabida en cualquier cosa, justo en ese momento mi recuerdo me lleva a pensar tengo que escribir. Saco mi cuaderno y empiezo a observar.

6:15 p.m. Pasan personas, niños, niñas, en pareja, en trío o solitarios, cada quien en su gusto y en su necesidad. A unos seis metros de mi vista, la cual estaba posada hacia el Kiosco, logro ver a un hombre panzón, viste una guayabera azul cielo, pantalón gris, lentes, reloj como de esos que le gustan a la gente grande y justo al recorrer con mi mirada su cuerpo: mi director de primaria. Sí, es él, aquel director que cuando ensayaba la escolta en sexto grado nos regañaba; “marchen con orden, tiene que ir todas parejas, hagan lo bien porque es una gran responsabilidad”… bla, bla, bla. Mientras esto pasa en mi recuerdo, él camina, desfila frente a mí y se aleja.

6:20 p.m. Después de haber visto pasar al director, mis ojos se postran en otro momento de vida, parecen dos lupas que buscan la escena del crimen, dos niñas corriendo buscando una nueva aventura. Ahí esta, una extranjera o al menos eso parece, está justo en la puerta principal de la iglesia tratando de captar con su lente la mejor fotografía de una escultura en la fachada de la catedral, enfoca y desenfoca. Dos niños salen de la iglesia y uno de ellos tropieza, el otro se ríe. Al primero se le paraliza su mundo en ese momento, sus ojos quedan como buscando no ser visto por nadie y por nada, su expresión empieza a ser de duda. Mientras el otro ríe, goza, y disfruta la caída, y atina a decirle las mejores palabras “vámonos”. El caído empieza a llorar, sólo unas cuantas lágrimas puesto que no puede evidenciarse ante todos. Todo esto ocurre frente a aquella mujer, la extranjera quien viste botas rosas con motivos estrambóticos, short blanco, blusa azul y sobre vaquero. Agacha su mirada y empieza un diálogo con el pequeño, -por momentos pensé, es para el pequeño como esa Tatiana que canta “ratón vaquero”- pocos segundos después le extiende la mano, el niño la toma y se levanta, se limpia sus lágrimas y corre… corre a la conquista de otro encuentro.

6:25 p.m. No quiero suponer que la vida está fragmentada en cada 5 minutos, pero hasta ahora, aquí así ha ocurrido. En la esquina izquierda de la catedral aparece; “su santidad la princesa burger king”, excelsa, radiante con su corona de papel. Camina con dos helados, sí, eso sí corresponde a una característica de la alta realeza el acaparamiento. Camina tratando de no tirar ni una gota del preciado helado, le da una lamida a uno y ve el otro, con ganas de darle también su lamida y una vez mas demuestra ser de la realeza, la avaricia por querer terminarse todo. Y lo logra, consuma su acto pensado, lame el otro helado tratando que ningún espía de cuenta de ello. Pasa frente a mí, mirando a una plebeya más, quien sentada está a otro nivel. Ve su destino final, un papá a quien le comparte el otro helado y con el cual continuara su vida de princesa.

6:32 p.m. Desde que llegué a mi estancia en el banquillo de la espera, dos niños juegan con un globo, el cual pasa de mano en mano hasta ser cuatro. Uno Migail, del otro no supe su nombre, ambos juegan y juegan y el globo va y viene. El globo toma un aire del norte y se eleva más de la cuenta, Migail quiere tomarlo y cae en un hoyo de esos que contienen la iluminación para el recinto. Cae y se duele, toca su pierna, la observa, la limpia y aquí si un buen amigo le da la mano para levantarse, él no quiere, desea estar seguro de que su levantar será uno y con fuerza, decide descansar unos segundo más, junto a mi su madre le alienta le dice: levántate Migail, no pasa nada, con cuidado, ven te asobo. Con unos segundos de espera Migail no logra ver ningún estrago en su pierna, sólo dolor y molestia, al tomarse su tiempo, determina su impulso, recarga sus brazos, respira y sus piernas una vez más responden como niño, con fuerza.

6:41 p.m. Momento de continuar, momento de mover los sentidos, es hora de partir.

lunes, 6 de agosto de 2007

Trabajos de reseña bibliográfica






* Mátalo. Martín del Campo, David.
Alfaguara. 2007. 176 páginas.
Reseñista: Montserrat Fernández











* La terca memoria. Scherer García, Julio.
Grijalbo. 2007. 245 páginas.
Reseñista: Nadia Altamirano Díaz










* El gran vidrio. Bellatín, Mario.
Anagrama. 2007. 176 páginas.
Reseñista: Pergentino José Ruiz









* El alquimista. Coehlo, Paulo.
Grijalbo. 2004. 203 páginas.
Reseñista: Saraí Karla Jiménez











* La paz de los sepulcros. Volpi, Jorge.
Seix Barral. 2007. 176 páginas.
Reseñista: Ángel Morales Cruz









* Relato del suicida. Lobo, Fernando.
Almadía. 2007. 62 páginas.
Reseñista: Andrea León Martínez












  • * Amanecer en el zócalo. Poniatowska, Elena.
  • Editorial Planeta. 2007. 395 páginas.
  • Reseñista: Sandra Liliana Ramírez Barrera














* La edad de hierro. Coetzee, John.M.
Grijalbo Mondadori. 1990.
Reseñista: Gabriela Valeria Villavicencio Valdez










* Pancho Villa: Una biografía narrativa. Taibo II, Paco Ignacio.
Planeta. 2006. 896 páginas.
Reseñista: Lorenzo León Diez












* El gran laberinto. Savater, Fernando.
Editorial Ariel. 2005. 331 páginas.
Reseñista: Laura Adriana Bautista Hernández











* Foe. Coetzee, John M.
Randon House Mondadori. 2006. 257 páginas.
Reseñista: Sulma Esther Perzabal Solano












* El tren pasa primero. Poniatowska, Elena.
Alfaguara. 2005. 497 páginas.
Reseñista: Jazmín Aquino Cruz