jueves, 30 de agosto de 2007

Reconocimiento a la obra de Pitol y Toledo

Andrea León Martínez
andreakleon@hotmail.com
Reconocimiento a la obra de Pitol y Toledo
Andrea León
Largos pendones con enormes fotografías de los homenajeados colgaban de la parte más alta del teatro Macedonio Alcalá, la expectación se podía ver en los asistentes a la entrega del reconocimiento Doctor Honoris Causa al artista plástico Francisco Toledo y al escritor Sergio Pitol.

Al interior del teatro el olor de las flores se mezclaba con el de la madera, mientras uno a uno se acomodaban los testigos de la ceremonia de honor dedicada a los creadores, en un día especial para los oaxaqueños: el natalicio de Benito Juárez.

El rector de la máxima casa de estudios de Oaxaca, Francisco Martínez Neri, ocupó un lugar de honor en la mesa para dar inicio al evento y paso al escritor, Carlos Monsiváis.

Con un pantalón color café, zapatos del mismo color y una camisa blanca el escritor habló acerca de los dos personajes distinguidos esa tarde, fue cuando platicaba sobre Francisco Toledo y su libertad, su suprema generosidad y su defensa a los derechos humanos cuando su discurso se vio interrumpido por los aplausos de los presentes.

El orgullo de los oaxaqueños por su paisano se respiraba en el aire y se contagiaba a cada uno de los asistentes al evento, quienes reconocían el talento del artista plástico.

Monsiváis retomó la palabra, después de los aplausos a los que él también se unió, para finalizar su intervención diciendo que “Sergio Pitol y Francisco Toledo reivindican la labor de los creadores con su trabajo, que es su mejor diálogo”.

El anfitrión de la ceremonia anunció que era momento de continuar y que el paso siguiente era la entrega de los títulos Doctor Honoris Causa a los creadores, así entre flashes y aplausos entraron a escena Francisco Toledo, quien vestía zapatos y pantalón color café, y una camisa blanca arremangada; y Sergio Pitol, con un traje azul marino y una corbata gris.

Ahí, en las tablas del teatro les colocaron una medalla con listón azul mientras la audiencia, de pie, les aplaudía y gritaba llena de emoción. La ovación se prolongó tanto que a través del micrófono se le pidió a Toledo y a Pitol pasaran a sus asientos.

El rector Martínez Neri felicitó al artista y al escritor, y afirmó que la ceremonia fue “un justo reconocimiento a su obra”, e hizo notar que cada una de las creaciones de los autores da luz a los espectadores y lectores.

Sergio Pitol leyó un escrito suyo titulado, El arte de la novela. Con la vista cansada por la edad y señalando con el dedo el texto, explicó que recibir el doctorado en compañía de Toledo fue su mayor premio, y expresó su admiración por el pintor. En una remembranza mencionó a sus autores predilectos, la forma como empezó a escribir y su primer novela, aseguró que la literatura no sigue reglas, ni siquiera la que ella misma impone, y eso la enriquece.

Pitol hablaba mientras su público suspiraba, y jóvenes se acomodaban en los hombros de sus parejas o en sus asientos, hablaba mientras Toledo posaba para la cámara de dos niños, hablaba mientras los asistentes escuchaban en silencio, atentos y embelezados por sus ideas y por su voz pausada.

El arte de la novela finalizó y los universitarios entonaron su himno para dar por concluida la ceremonia y empezar la fiesta afuera, en la calle de Armenta y López, con los acordes de la Banda del Centro de Capacitación Mixe de Tlahuitoltepec, donde el escritor escuchaba atento de pie a la banda, mientras el artista plástico caminaba sobre la calle de Independencia respondiendo preguntas con una sonrisa en los labios.

lunes, 27 de agosto de 2007

Proyectos de crónica



* Tema: Las playmates de la revista Playboy llegaron a Oaxaca
Cronista: Sarai Karla Jiménez






* Tema: Concierto de Armando Manzanero
Cronista: Nadia Altamirano





* Tema: Porter en concierto
Cronista: Andrea León

martes, 14 de agosto de 2007

Crónica de una espera

Laura Adriana Bautista
CRÓNICA DE UNA ESPERA
Aural Continuo
El tiempo generalmente dividido entre el ocio y el quehacer, no da pie a observar la cotidianeidad humana, la cual está compuesta de minutos de sensaciones, emociones y vivencias. El sentarse a esperar, pero con un ojo obsevador se vuelve toda una aventura.

6:10 p.m. Inicia la espera, acabo de dejar a los señores del alquiler quienes colocaron un toldo verde y doscientas sillas para la presentación del video, la consigna esperar o como ellos dicen cuidar que no se lleven el equipo. Camino hacia el frente justo hacia la catedral, me siento, mi mirada sin un rumbo, sin pensamientos claros, sólo dejando que mis sentidos encuentren cabida en cualquier cosa, justo en ese momento mi recuerdo me lleva a pensar tengo que escribir. Saco mi cuaderno y empiezo a observar.

6:15 p.m. Pasan personas, niños, niñas, en pareja, en trío o solitarios, cada quien en su gusto y en su necesidad. A unos seis metros de mi vista, la cual estaba posada hacia el Kiosco, logro ver a un hombre panzón, viste una guayabera azul cielo, pantalón gris, lentes, reloj como de esos que le gustan a la gente grande y justo al recorrer con mi mirada su cuerpo: mi director de primaria. Sí, es él, aquel director que cuando ensayaba la escolta en sexto grado nos regañaba; “marchen con orden, tiene que ir todas parejas, hagan lo bien porque es una gran responsabilidad”… bla, bla, bla. Mientras esto pasa en mi recuerdo, él camina, desfila frente a mí y se aleja.

6:20 p.m. Después de haber visto pasar al director, mis ojos se postran en otro momento de vida, parecen dos lupas que buscan la escena del crimen, dos niñas corriendo buscando una nueva aventura. Ahí esta, una extranjera o al menos eso parece, está justo en la puerta principal de la iglesia tratando de captar con su lente la mejor fotografía de una escultura en la fachada de la catedral, enfoca y desenfoca. Dos niños salen de la iglesia y uno de ellos tropieza, el otro se ríe. Al primero se le paraliza su mundo en ese momento, sus ojos quedan como buscando no ser visto por nadie y por nada, su expresión empieza a ser de duda. Mientras el otro ríe, goza, y disfruta la caída, y atina a decirle las mejores palabras “vámonos”. El caído empieza a llorar, sólo unas cuantas lágrimas puesto que no puede evidenciarse ante todos. Todo esto ocurre frente a aquella mujer, la extranjera quien viste botas rosas con motivos estrambóticos, short blanco, blusa azul y sobre vaquero. Agacha su mirada y empieza un diálogo con el pequeño, -por momentos pensé, es para el pequeño como esa Tatiana que canta “ratón vaquero”- pocos segundos después le extiende la mano, el niño la toma y se levanta, se limpia sus lágrimas y corre… corre a la conquista de otro encuentro.

6:25 p.m. No quiero suponer que la vida está fragmentada en cada 5 minutos, pero hasta ahora, aquí así ha ocurrido. En la esquina izquierda de la catedral aparece; “su santidad la princesa burger king”, excelsa, radiante con su corona de papel. Camina con dos helados, sí, eso sí corresponde a una característica de la alta realeza el acaparamiento. Camina tratando de no tirar ni una gota del preciado helado, le da una lamida a uno y ve el otro, con ganas de darle también su lamida y una vez mas demuestra ser de la realeza, la avaricia por querer terminarse todo. Y lo logra, consuma su acto pensado, lame el otro helado tratando que ningún espía de cuenta de ello. Pasa frente a mí, mirando a una plebeya más, quien sentada está a otro nivel. Ve su destino final, un papá a quien le comparte el otro helado y con el cual continuara su vida de princesa.

6:32 p.m. Desde que llegué a mi estancia en el banquillo de la espera, dos niños juegan con un globo, el cual pasa de mano en mano hasta ser cuatro. Uno Migail, del otro no supe su nombre, ambos juegan y juegan y el globo va y viene. El globo toma un aire del norte y se eleva más de la cuenta, Migail quiere tomarlo y cae en un hoyo de esos que contienen la iluminación para el recinto. Cae y se duele, toca su pierna, la observa, la limpia y aquí si un buen amigo le da la mano para levantarse, él no quiere, desea estar seguro de que su levantar será uno y con fuerza, decide descansar unos segundo más, junto a mi su madre le alienta le dice: levántate Migail, no pasa nada, con cuidado, ven te asobo. Con unos segundos de espera Migail no logra ver ningún estrago en su pierna, sólo dolor y molestia, al tomarse su tiempo, determina su impulso, recarga sus brazos, respira y sus piernas una vez más responden como niño, con fuerza.

6:41 p.m. Momento de continuar, momento de mover los sentidos, es hora de partir.

lunes, 6 de agosto de 2007

Trabajos de reseña bibliográfica






* Mátalo. Martín del Campo, David.
Alfaguara. 2007. 176 páginas.
Reseñista: Montserrat Fernández











* La terca memoria. Scherer García, Julio.
Grijalbo. 2007. 245 páginas.
Reseñista: Nadia Altamirano Díaz










* El gran vidrio. Bellatín, Mario.
Anagrama. 2007. 176 páginas.
Reseñista: Pergentino José Ruiz









* El alquimista. Coehlo, Paulo.
Grijalbo. 2004. 203 páginas.
Reseñista: Saraí Karla Jiménez











* La paz de los sepulcros. Volpi, Jorge.
Seix Barral. 2007. 176 páginas.
Reseñista: Ángel Morales Cruz









* Relato del suicida. Lobo, Fernando.
Almadía. 2007. 62 páginas.
Reseñista: Andrea León Martínez












  • * Amanecer en el zócalo. Poniatowska, Elena.
  • Editorial Planeta. 2007. 395 páginas.
  • Reseñista: Sandra Liliana Ramírez Barrera














* La edad de hierro. Coetzee, John.M.
Grijalbo Mondadori. 1990.
Reseñista: Gabriela Valeria Villavicencio Valdez










* Pancho Villa: Una biografía narrativa. Taibo II, Paco Ignacio.
Planeta. 2006. 896 páginas.
Reseñista: Lorenzo León Diez












* El gran laberinto. Savater, Fernando.
Editorial Ariel. 2005. 331 páginas.
Reseñista: Laura Adriana Bautista Hernández











* Foe. Coetzee, John M.
Randon House Mondadori. 2006. 257 páginas.
Reseñista: Sulma Esther Perzabal Solano












* El tren pasa primero. Poniatowska, Elena.
Alfaguara. 2005. 497 páginas.
Reseñista: Jazmín Aquino Cruz



martes, 24 de julio de 2007

Definición de Géneros Periodísticos

La nota

La nota informativa es la unidad mínima de una narración que tiene como objeto el acontecimiento inmediato. Es un registro directo, impersonal que incorpora las siguientes preguntas: Qué (pasó), Cuándo (pasó), Dónde (pasó) Cómo (pasó), Por qué (pasó), quien (estuvo, dijo), Para qué (pasó), Cuánto.
Este orden puede variar y es una estructura que es guía para la redacción de cada párrafo y el cuerpo general de la información.

Crónica

Es la descripción de un suceso. El reportero recoge datos, opiniones pero también vivencias. Podemos decir que la crónica es la técnica que más se acerca a lo literario y es predominante la visión del redactor, incluso más que la del protagonista, como es el caso de la entrevista.

La crónica, igual que la nota, tiene al acontecimiento por objeto y está presente la misma estructura aunque ahora se transmite el “color” de cada situación, el contraste.

A diferencia de la nota, donde se suprime el “yo”, aquí la personalidad del redactor se expresa tanto en su potencia para transmitir sonidos, giros lingüísticos, descripciones, etc.

El artículo

El artículo es fundamentalmente un texto reflexivo, interpretativo y que asienta una opinión individual. Es el comentario sobre un acontecimiento o respecto a otros textos sobre el acontecimiento.

En el periódico los artículos enseñan la diversidad de opiniones por ello el medio de comunicación debe intentar que en sus páginas o espacio estén recogidas las posiciones que expresan o representan corrientes intelectuales.

Solicitar, seleccionar y proponer artículos en tarea de la Redacción Periodística, que debe mostrar la realidad ideológica (política, cultural), cosa que no implica que la redacción comulgue con tal o cual articulista, pues existe un espacio en el periódico donde la opinión (de la redacción) aparece en sentido grupal: el espacio editorial.

Artículo editorial

El artículo editorial se diferencia el artículo de autor porque manifiesta un criterio colectivo y no individual, el de los intereses que sustenta el medio.

La Redacción da voz a los intelectuales representativos y expresa la postura de los propietarios del medio.

La entrevista

Es difícil hablar de una técnica de entrevista por sí misma, pues es un dialogo, el registro de preguntas y respuestas ante un interlocutor. Un entrevistador hará de su conversación un medio eficaz cuando tiene antecedentes de los asuntos que intenta conocer. Aquí funciona, en primer lugar el Quien (es), el Qué (dice), el (Dónde y Cuándo) lo dice. El Cómo y Por qué (lo dice). El texto de la entrevista se graba y se transcribe para después editarlo en el orden conveniente. La entrevista se puede presentar naturalmente como pregunta y respuesta o estar redactada como una Nota, narrando el Qué (dice) y citando entre comillas Cómo lo dice.

La reseña bibliográfica

La reseña bibliográfica es una técnica para presentar periodísticamente lecturas antropológicas, filosóficas, económicas, literarias, científicas, etc.
Se integra por una ficha que especifica: Nombre del autor, Título del libro (en cursivas), Nombre de la editorial, Año de la edición, número de páginas y número del ISBN.

En una reseña se describe de manera general el tema, el tratamiento que el autor da al tema y la diversidad de aspectos de que consta el tema. La reseña aspira a ser un resumen, una síntesis, pero sabemos que esto es, en la práctica, muy difícil, por ello el redactor de reseñas trata los asuntos que en lo particular le parecen más relevantes de un libro, por lo que la capacidad analítica e interpretativa es lo que cuenta, pues la Reseña es la realización (textual) del acto de lectura.

El reportaje

El reportaje es la presentación, en uno o varios textos relacionados por su temática. Lo integra la investigación (bibliográfica –Reseña- y hemerográfica (datos de otros periódicos y revistas -Notas); las entrevistas, la crónica y el artículo (citas y la interpretación del acontecimiento del propio redactor). Es un género que integra todos los modelos de información escrita.
No es, necesariamente un cuerpo literario único (pueden ser textos en serie o varios textos en varias páginas) que se refieran a diferentes aspectos del asunto abordado: una o más entrevistas, una referencia bibliográfica, la presentación resumida de un informe, etc.

El espacio que ocupa en el medio no lo determina su extensión sino su calidad estructural. Así podemos encontrar un reportaje (un asunto bien documentado y que recoge distintos puntos de vista) en media plana de un diario y no, a veces, en una sección completa, aunque ésta pretenda recogerlo. Porque no se trata de una publicación sensacional sino un reportaje responde a una metodología que para su exposición se sirve de la variedad de formas periodísticas e incluso literarias y gráficas (fotografias, esquemas, gráficas, dibujos).

Es un género que llama a la elaboración grupal: reco´pilación de antecedentes en periódicos, revistas y libros; traducción y síntesis de documentos (por ejemplo para elaborar un reportaje sobre el tema de migración); obtención de informes oficiales y académicos; informaciones verbales (mediante entrevistas con protagonistas del acontecimiento y expertos); crónica del o los acontecimientos.

Se trata de un trabajo que exige habilidades y calificación intelectual que se logra auténticamente en la colaboración, bajo una eficaz dirección de Información que plantea un Plan de Información y Redacción.

La crónica, un género del periodismo literario equidistante entre la información y la interpretación


Dr. Rafael Yanes Mesa
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1. El periodismo literario
Las relaciones entre la literatura y el periodismo son objeto de numerosos trabajos de investigación. Algunos autores consideran que son dos mundos completamente diferenciados, con objetivos y métodos muy distantes, mientras que otros matizan al afirmar que, si bien es verdad que el periodismo informativo expresado en la noticia tiene unas características propias muy distintas a las de una obra literaria, no es menos cierto que determinados géneros periodísticos se acercan claramente a lo que podríamos definir como una obra de creación con elementos próximos a la literatura.

En el periodismo en sentido estricto destaca la función informativa con un lenguaje asequible para el lector medio, y donde lo importante es que lo escrito sea entendido con inmediatez por el consumidor de prensa. En la literatura, sin embargo, lo que importa es la forma, la belleza de expresión, y no que se comprenda desde una primera lectura. La obra literaria está dirigida a un público concreto, mientras que el periodismo es para toda la sociedad. Se podría afirmar que el lector de periódicos busca información veraz sobre la actualidad, y la quiere conseguir en un corto espacio de tiempo, mientras que el lector de libros lee sin prisas por el placer de la lectura, para disfrutar de la forma con la que está escrito y sin buscar ninguna novedad.

Las diferencias entre ambos se difuminan en el periodismo literario. Son trabajos periodísticos con elementos propios de la literatura, o, dicho de otra forma, escritos literarios con una función informativa. Los lectores de los artículos que hoy proliferan en la prensa diaria buscan el placer de leer trabajos creativos en los que abundan recursos lingüísticos propios de una obra literaria, aunque informan sobre asuntos de candente actualidad. Es literatura, pues lo importante es la belleza del texto, pero también es periodismo, ya que no abandona su función informativa, por lo que no es adecuado afirmar que un escrito es periodístico o es literario pero no ambas cosas a la vez, ya que hay textos en los que la literatura y el periodismo “se abrazan” (López Pan, 1996: 123).

Gonzalo Martín Vivaldi (1998: 249) cree que la diferencia entre periodismo y literatura no es que el primero represente la objetividad y la segunda la subjetividad. En su opinión, el buen periodismo es también literatura. Son dos disciplinas que hoy se solapan, pues la literatura es, o debería ser, un mensaje comprometido, un reflejo fiel del mundo en que se vive, y el periodismo supone, además de comunicación, revelación, descubrimiento de esa realidad. Es decir, la literatura tiene mucho de comunicación, y el periodismo también es subjetivismo sobre la propia realidad. Este autor concluye con la afirmación de que el periodismo no es un arte literario menor, sino un arte literario diferente.

Además, la literatura y el periodismo aparecen unidos desde los inicios de éste: el periodismo tiene sus raíces en la literatura, especialmente en España, donde los primeros periódicos contienen gran cantidad de colaboraciones de escritores de prestigio. Manuel Vicent (Vilamor, 2000: 67) afirma que el periodismo es un género literario autónomo nuevo, ya que es el gran género literario nacido durante el siglo XX, del mismo modo que la novela lo fue en el XIX, el ensayo en el XVIII, el teatro en el XVII, o la poesía en el XVI. En su opinión, el siglo XX no podría entenderse sin el periodismo.

Hay textos periodísticos elaborados con multitud de elementos lingüísticos literarios, al igual que también aparecen en prensa escritos literarios que contienen elementos informativos sobre la realidad del momento. Es el periodismo literario. Escritos que son Periodismo porque en ellos prevalece la actualidad, el interés y la comunicabilidad, y porque están escritos con el triple propósito de informar, orientar o distraer, pero también son Literatura porque contienen algo más que comunicación, interés y actualidad, y están escritos con un estilo muy personal (Abril, 1999: 137).

2. La crónica, entre la información y la interpretación

Algunos autores consideran que la crónica es un género claramente identificado dentro del periodismo informativo por el hecho de basarse en la noticia, ya que sin ésta pasaría a ser un relato histórico o un artículo valorativo (García, 1985: 60). Otros, como Martínez Aguinagalde (1997: 70), afirman que la crónica es el más interpretativo de los géneros periodísticos. Ninguna de las dos visiones es completa. Aunque es un género que contiene una inequívoca faceta informativa, tiene algo más que pura información, ya que su identidad está determinada por la interpretación y valoración de lo narrado. Por ello puede considerarse un género ambivalente, en tanto que es información, pero también interpretación, es decir, un género mixto entre el periodismo informativo y el periodismo de opinión.

En cierta forma, la crónica es un género que existe antes que el propio periodismo. El relato interpretativo contado desde el lugar donde sucede un hecho noticioso aparece pronto en la historia de la humanidad. Su nombre tiene el antecedente etimológico “cronos”, que significa “tiempo”, por lo que hace referencia a una narración ligada a la secuencia temporal. Sin embargo, mucho más que la información, lo importante de este género es su función interpretativa, ya que la crónica es un texto que narra los hechos en un medio informativo con una valoración de su autor (Martín, 1998: 123). Se puede definir como una noticia interpretada, valorada, comentada y enjuiciada (Vilamor, 2000: 341), es decir, un género híbrido entre los interpretativos y los informativos (Hernando, 2000: 21) o que se encuentra en el límite entre los informativos y los de opinión (Gutiérrez, 1984: 114).

Para el profesor Martínez Albertos (1983: 361), la crónica tiene esta doble finalidad, pues además de ser el texto narrativo de unos hechos, contiene también la valoración interpretativa de los mismos, ya que se trata de un género que, particularmente en España, está redactado con un estilo ambiguo entre el propio de un periodismo informativo y el de solicitación de opinión. En su opinión, la crónica es la narración de una noticia con ciertos elementos valorativos, que siempre deben ser secundarios respecto al relato del hecho que la origina. Se trata de un texto que intenta reflejar lo acaecido entre dos fechas, de ahí le viene su origen etimológico, y además forma parte de un grupo de géneros que él denomina para la interpretación periodística por encuadrarse dentro del marco referencial del “mundo del relato”.

Gabriel García Márquez (2001: 2) tampoco cree que las fronteras de este género estén bien definidas, y estima que nunca se aprenderá a distinguir a primera vista entre géneros tan diferentes como el reportaje y la crónica, e incluso entre estos géneros periodísticos y el cuento o la novela. La crónica está a caballo entre la información pura, en cuanto aporta datos de actualidad, y el periodismo de interpretación, ya que incluye valoraciones personales (Muñoz, 1994: 133).

Es necesario precisar la separación clara entre la crónica y el reportaje. Mientras una crónica la realiza un periodista desde el lugar de los hechos, en el caso del reportaje su autor puede estar ausente. Esta es la diferencia fundamental entre ambos géneros periodísticos. Si se hace una crónica de una sesión parlamentaria, de la guerra de Irak o de un partido de fútbol, la condición sine qua non es que el cronista se encuentre en el Parlamento, en el frente de batalla o en el estadio. Sin embargo, puede hacerse un reportaje sobre la Luna sin que el periodista la visite. Pero además, hay un elemento esencial que marca la estructura de la crónica: la secuencia temporal, que aunque en el reportaje se puede contemplar como elemento anexo, no conforma el centro del texto (Elías, 2003: 220).

Pero posiblemente, la principal confusión con este género está producida desde el propio periodismo. Algunos periódicos anuncian una “crónica de nuestro corresponsal”, cuando se trata realmente de una noticia sin ningún componente interpretativo. El cronista tiene la misión de informar sobre lo sucedido, de contarlo, pero, a diferencia de la noticia, lo comenta desde su punto de vista. Es un relato sobre un hecho noticiable, pero en el que se incluye la valoración parcial de su autor. Se trata de una interpretación subjetiva de los hechos ocurridos, contados desde el lugar en el que se producen y con una implicación clara de su cronología.

Por esta condición, son varios estudiosos los que apuestan por considerar que la crónica es un texto estrictamente informativo. Ana Francisca Aldunate y María José Lecaros (1989: 13) afirman que lo importante de este género es la función narrativa, y lo definen como un relato directo e inmediato de una noticia, una narración de los sucesos de actualidad con un esquema poco rígido. En su opinión, la crónica es un género esencialmente informativo, y lo definen como un relato desapasionado que muestra uno o varios hechos ordenados, con lead y en una estructura de pirámide invertida, es decir, se relata lo sucedido jerarquizando en forma decreciente las distintas partes teniendo en cuenta el interés informativo, como en la noticia.

Sin embargo, dentro de este género, la información y la interpretación son dos componentes inseparables. Juntas forman la esencia de la crónica. Mientras que en el artículo, la noticia no forma parte del texto y sólo es su pretexto, en la crónica destaca la función informativa sobre un hecho que es interpretado por su autor. Es algo más que noticia y no llega a un género estrictamente de opinión.

Además, su estilo creativo la acerca a la literatura. El profesor Martínez Albertos (1983: 360) afirma que la crónica puede ser considerada un género literario muy desarrollado en el periodismo latino, y desconocido, al menos con estas características, en el periodismo anglosajón. Cercano a una obra literaria también lo considera Héctor Borrat (1989: 122), quien asegura que la crónica es un texto redactado con estilo libre, firmado por su autor, y que se caracteriza principalmente por el uso de recursos propios de la literatura.

Es un género de autor. Aunque el hecho relatado en la crónica es rigurosamente objetivo, está elaborado con una riqueza de vocabulario y con una interpretación personal que lo alejan del periodismo estrictamente informativo. Martínez Vallvey (1996: 109) destaca su carácter eminentemente literario, al afirmar que la crónica es un texto con sello personal no sólo porque suele ir firmado, sino porque el cronista comenta, amplía y ordena los hechos a su manera, y lo hace con estilo literario sin dejar de ser periodístico.

3. Un género de periodismo literario

En la crónica destaca su estilo creativo. No es la simple interpretación de un acontecimiento, sino la narración valorada de lo sucedido recientemente contado de forma amena. Según Manuel Graña, lo que distingue la verdadera crónica es precisamente el sello personal que se advierte, porque va firmada, y su autor, además de enjuiciar, prioriza los hechos a su manera (Martín Vivaldi, 1998: 139). El cronista es un testigo presencial que da fe de lo que ocurre, y lo hace con su particular forma de expresarse.

El estilo personal de quien lo firma es lo que caracteriza a este género periodístico. La crónica se distingue por el sello de su autor, y esto forma la esencia misma del texto. Se trata de un relato informativo, es decir, la unión del relato y el comentario subjetivo de lo noticiable, ya que es un trabajo en el que se da cuenta de un suceso de actualidad a través de la visión personal de su autor. Es información, aunque por la subjetividad que supone la interpretación del cronista y por el estilo ameno con el que está escrito, se aleja del periodismo estrictamente informativo.

Si quisiéramos delimitar el estilo de la crónica, por tanto, llegaríamos a la conclusión de que es fundamentalmente libre. Los elementos creativos que le dan la autoría del cronista conforman su esencia como texto diferenciado. Por ello, la firma es un dato importante para el lector por su triple función noticiosa-informativa-valorativa, aunque esa libertad está condicionada por el hecho que se narra, y que consiste en el núcleo informativo que la origina.

Pero además, la crónica tiene los límites éticos del periodismo en general, que impiden la deformación de lo que realmente ha sucedido. Se plasma la visión personal del cronista, aunque sin desvirtuar los hechos noticiables objetivos. La interpretación subjetiva del periodista nunca puede significar una distorsión de lo ocurrido, ya que por encima de las preferencias ideológicas del cronista está la objetividad de lo acontecido. Después, el periodista ofrece su particular visión sobre las causas que lo han motivado o las consecuencias que en el futuro pueden haberse originado. En resumen, el hecho de firmar la crónica otorga a su autor toda la libertad expresiva en su estilo personal, pero este principio siempre debe contemplar las limitaciones deontológicas de la veracidad de los hechos narrados.

Aunque dispone de total libertad de estilo, el cronista, como en todo trabajo periodístico, tiene la obligación de dirigirse al gran público, por lo que debe elaborar un texto claro, conciso y transparente. Es aconsejable la oración simple y el párrafo no demasiado extenso. Las frases no deberán exceder de las dieciséis o diecisiete palabras, y los párrafos de setenta a ochenta para facilitar la lectura. Para el profesor Martínez Albertos (1983: 363), el estilo de la crónica debe ser directo y llano, esencialmente objetivo, pero, al mismo tiempo, tiene que plasmar la personalidad literaria del periodista que la firma. Según este autor, aunque la crónica es un género que admite la forma expresiva del estilo literario, no debe aceptarse un exceso de estilo editorializante, es decir, de juicios de valor que dejen en un segundo plano la función informativa.

La crónica tiene, además, el propósito de orientar, por lo que esta libertad de estilo también deberá combinarse con el conocimiento previo del acontecimiento del que se habla, de forma que el lector adquiera un conocimiento global desde un determinado punto de vista, pero siempre con la belleza expresiva propia de un género del periodismo literario. Teniendo en cuenta todo ello, puede definirse la crónica como “un texto del periodismo literario redactado desde el lugar en el que han ocurrido unos hechos noticiables, y donde es imprescindible la interpretación de su autor”.

4. Un modelo estructural libre

La crónica es un género informativo-narrativo con absoluta libertad expresiva, por lo que permite no ceñirse a la estructura formal de la pirámide invertida, que es una característica del periodismo exclusivamente informativo. No obstante, como en todo trabajo periodístico, la titulación es el principal medio para atraer al lector. En el título debe quedar claro que no es una noticia. Para ello es necesario que la titulación tenga elementos interpretativos. Un titular frío e imparcial hace que el lector se acerque a su texto sin percibir que se trata de una valoración de lo que ha sucedido. Nunca debe comenzarse con una titulación eminentemente informativa. Álex Grijelmo (2001: 482) considera que los titulares de las crónicas pueden ser de tres tipos: como cualquier otra noticia, es decir, con importancia en el contenido informativo; con cierta carga de interpretación, que es el titular más específico de este género; y con una opinión, bastante utilizado en las crónicas taurinas y deportivas. El primer tipo no parece adecuado para este género, ya que una crónica no es “como cualquier otra noticia”.

El primer párrafo, además, tiene la función de captar un mayor interés por parte del lector. Para ello, se debe comenzar con un juicio acertado y original, o con una apelación a lo sucedido por medio de una frase impactante. El objetivo es que el receptor se sienta atraído por su lectura hasta el final del texto. Es corriente una técnica que consiste en dejar algún interrogante de cierta importancia en la entradilla para obligar a buscar la respuesta en el cuerpo, pero es necesario hacerlo con precaución, ya que el interés suscitado debe verse finalmente compensado.

En opinión de Susana González Reyna (1991: 37), la crónica es un género que recurre a la forma narrativa para el relato de lo sucedido, por lo que le corresponde la estructura de un texto unitario. En su opinión, este género tiene unas características en su redacción basadas en cuatro condiciones: Evocar el suceso que se quiere destacar, ordenar los datos importantes, dar el tono adecuado para atraer al lector y agregar un comentario personal del periodista de forma discreta y elegante. Esta autora propone una estructura sencilla de tres partes que considera igualmente importantes: La entrada, que debe tener fuerza y resultar atractiva, el relato, que incluye los detalles importantes de lo sucedido y la conclusión, que es el final del relato, aunque no un juicio.

Pero en la crónica se distinguen claramente sólo dos partes: la titulación y el cuerpo. Como componentes de la primera se pueden contemplar el título -que puede tener antetítulo y subtítulo-, y el lead -que en su defecto hace su función el primer párrafo-. El lead, aunque con la función de atraer al lector que lo caracteriza en todo género, no debe incidir en el hecho noticioso, y es aconsejable que contenga recursos literarios originales.

El cuerpo de la crónica tiene un estilo libre, por lo que es difícil prever si el cronista va a dar más o menos importancia al hecho noticiable, o, por el contrario, es la valoración lo más destacado de su trabajo. Además, no parece adecuado especificar una composición con una presentación, argumentación y conclusión, pues el orden de las partes que lo componen es diferente en cada una dependiendo de su autor. La conclusión no está siempre al final del relato, pues muchos cronistas prefieren hacer la valoración al principio, e incluso en los titulares, mientras que la argumentación normalmente va a lo largo de todo el texto. Es un género con una estructura formal absolutamente libre.

5. Sólo dos modalidades

Las crónicas son tan variadas como los estilos de sus autores. Cada cronista imprime su sello personal, por lo que intentar hacer una clasificación válida para todos los casos es una misión algo complicada. Por ello, algunos autores prefieren distinguirlas teniendo en cuenta el asunto del que tratan -crónica de sucesos, crónica deportiva, crónica taurina…- o el lugar desde el que se realizan -crónica de corresponsal en el extranjero, crónica de corresponsal en provincias, crónica de enviado especial…- (García Núñez, 1985: 63). Lorenzo Gomis prefiere diferenciarlas en sólo dos tipos: la crónica que cubre un lugar, y la crónica que cubre un suceso. Para este autor, mientras que en el primer grupo el periodista relata y valora cualquier asunto que se presente en el sitio desde donde la realiza, en el segundo caso lo normal es que se trate de un especialista en crónicas judiciales, deportivas o parlamentarias.

Pero además de estos criterios, lo que define a una crónica es su estilo. Se trata de un texto que siempre debe estar elaborado con recursos creativos, ya que es el rasgo característico de su esencia como género periodístico diferenciado. En palabras de Martín Vivaldi (1998: 139), todo buen cronista debe “informar literariamente”. Pero también es un texto informativo, por lo que debe estar redactado con claridad, sencillez y precisión. Son textos que informan sobre acontecimientos políticos, sociales, deportivos o taurinos desde el lugar en el que se han producido, pero el cronista imprime su propio estilo en un género que podemos considerar “de autor”. Y esta dualidad es la que permite diferenciarlas en dos grupos. Cuando su estilo le da un contenido preferentemente centrado en la función informativa sin llegar a ser una noticia, tenemos la crónica informativa; y cuando principalmente está inclinado hacia una valoración de lo sucedido sin olvidar la información, se trata de una crónica valorativa.


6. Referencias bibliográficas

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* Aldunate, Ana Francisca y María José Lecaros: Géneros periodísticos. Pontificia Universidad Católica de Chile, 1989.

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* García Márquez, Gabriel: “Sofismas de distracción”. Sala de prensa. Web para profesionales de la comunicación iberoamericanos. Marzo, 2001.

* García Núñez, Fernando: Cómo escribir para la prensa. Ibérico Europea de Ediciones, Madrid, 1985.

* González Reyna, Susana: Géneros periodísticos 1. Periodismo de opinión y discurso. Editorial Trillas, México D. F., 1991.

* Grijelmo, Álex: El estilo del periodista. Grupo Santillana de Ediciones, Madrid, 2001.

* Gutiérrez Palacio, Juan: Periodismo de opinión. Editorial Paraninfo, Madrid, 1984.

* Hernando Cuadrado, Luis Alberto: El discurso periodístico. Editorial Verbum, Madrid, 2000.

* López Pan, Fernando: La columna periodística. Teoría y práctica. EUNSA, Pamplona, 1996.

* Martín Vivaldi, Gonzalo: Géneros periodísticos. Reportaje, crónica, artículo. Análisis diferencial, Paraninfo, Madrid, 1998.

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* Martínez Albertos, José Luis: Curso General de Redacción Periodística. Editorial Mitre, Barcelona, 1983.

* Martínez Vallvey, Fernando: Herramientas periodísticas. Librería Cervantes, Salamanca, 1996.
* Muñoz González, José Javier: Redacción periodística. Librería Cervantes, Salamanca, 1994.
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* Rodríguez Jiménez, Víctor: Manual de Redacción. Paraninfo, Madrid, 1991.
* Vilamor, José R.: Redacción periodística para la generación digital. Editorial Universitas, Madrid, 2000.